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Mayordomos

En resumen...

La mayordomía es más que administrar recursos: es el llamado de Dios para que los seres humanos, creados a Su imagen, reflejen Su carácter gobernando y cuidando la creación con sabiduría y adoración. Desde el Edén hasta hoy, nuestra vocación como creyentes es servir como sacerdotes en el mundo, ejerciendo nuestras labores, en la ciencia, el arte, la economía o la enseñanza, como expresiones del Reino de Dios.

Existen palabras que han caído en desuso a lo largo de la historia. La palabra mayordomía, me parece, es un claro ejemplo de ello. En su lugar, conceptos más modernos como la gestión de recursos y administración encuentran su lugar en nuestro léxico diario.

La palabra mayordomía ha sido asociada con el llamamiento que el cristiano tiene de parte de Dios para gestionar los recursos de la creación de manera sabia para la gloria de Dios y el beneficio de la humanidad. Es por eso, que entender la mayordomía desde una cosmovisión cristiana se vuelve un imperativo para el desenvolvimiento de nuestras labores como cristianos que han sido llamados a diversos campos como la abogacía, la administración de empresas, las artes, la ciencia, la docencia, entre muchas más.

Mayordomía en las Escrituras

En el mundo antiguo, un mayordomo era una persona a la que se le daba la responsabilidad y autoridad de gobernar los asuntos del hogar. Esto lo podemos ver claramente a lo largo de la narrativa bíblica:

Eliezer de Damasco, era siervo y mayordomo de las pertenencias de Abraham, lo cual incluía una lista extensa de animales, oro y plata, aunque Abraham nunca poseyó tierra a excepción de la cueva de Macpela en donde fue enterrado (Ge 13:2; 14:14; 15:2; 23:17-20; Ac 7:4, 5).

De igual manera, a José se le entregó la responsabilidad de supervisar todo en la casa de Potifar (Ge 39:1-4, 8, 9) y en repetidas veces se nos dice que Dios hacía prosperar todo lo que Potifar ponía en las manos de José, es decir, Dios bendecía su labor como mayordomo de la casa de Potifar. 

Pero para entender más profundamente dicho concepto, nos es necesario regresar al jardín donde todo inició, después de todo, toda buena teología inicia en el jardín.

Mayordomia en el Jardín

Génesis 2:8 nos dice: “Y plantó el Señor Dios un huerto hacia el oriente, en Edén; y puso allí al hombre que había formado.” (LBLA)

La palabra que se ocupa en Génesis 2:8 para hablar del huerto o jardín es el hebreo Gan. Cuando acudimos a la versión griega del Antiguo Testamento (Conocida como Septuaginta) que es la versión más popular en los tiempos de Jesús y los discípulos, la palabra griega para referirse al Edén es παράδεισος (Paradeisos) de donde nosotros obtenemos nuestra palabra “paraíso”. En otras palabras, el jardín del edén es descrito como un paraíso idílico plantado por el gran Jardinero.

Pero las cosas no se quedan ahí. Luego de haber creado todo,, el sexto día trae consigo un evento especial: La creación del hombre.

“Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza.” (Génesis 1:27 LBLA)

Existen diversas pistas textuales y lingüísticas que indican la importancia del sexto día en comparación con los días anteriores. Por ejemplo, notemos como en los demás días todo fue creado para que se reprodujera “según su género/especie” (1:11, 12, 21, 24, 25) pero es solo en el caso de la humanidad que Dios hizo algo “a su imagen y semejanza”.

¿Qué significa esto? A lo largo de la historia, algunos teólogos han afirmado que ser creado a imagen de dios significa tener la capacidad de razonamiento, otros afirman que se refiere a nuestra capacidad moral mientras que otros sugieren que se refleja en nuestra naturaleza relacional. Por motivos de espacio, me quiero concentrar en otra interpretación que no tiene por qué excluir todas estas. Para muchos eruditos, ser creado a imagen de Dios tiene que ver con nuestra labor representativa en la tierra. 

Para entender esta escuela de interpretación, es necesario entender el texto en su contexto antiguo. Hans Walter Wolff lo explica de la siguiente manera: 

“En el Cercano Oriente, erigir una estatua del rey era el equivalente de la proclamación de su dominio en ese territorio (Dn 3:1,5) Cuando el Faraón Rameses II en el siglo 13 A.C puso su rostro en el monte Nahr el-kelb. Esto significaba que él reinaba ahí. Es así como, Dios pone al ser humano como su estatua en la creación, evidenciando así que Dios es Señor sobre toda la creación y que la humanidad como sus vice-regentes ejecutan gobierno no como muestra de nepotismo sino como agentes responsables. Su gobierno no es autónomo sino que son copias” [1] 

Con eso en mente podemos afirmar entonces que “Fundamentalmente, ser creado a imagen de Dios significaba que Adán y Eva lo representarían en la tierra tanto en sus pensamientos como acciones…” [2] 

La siguiente pregunta sería entonces ¿De qué manera Adán y Eva (y por consiguiente el resto de la humanidad) debía representar a Dios en la tierra en cuanto a pensamientos y acciones?

“Entonces el SEÑOR Dios tomó al hombre y lo puso en el huerto del Edén, para que lo cultivara y lo cuidara.” (Gn 2:15 LBLA)

Las dos palabras usadas en hebreo son “Abad” y “Shamar” que corresponden a las palabras “Cultivar” y “Guardar”. Interesantemente, cuando la palabra “Cultivar/Abad” se ocupa por sí sola, usualmente hace referencia a un trabajo de agricultura (e.g, Gn 3:23) pero cuando estas dos palabras se ocupan de manera conjunta (Abad y Shamar) en el AT usualmente se pueden referir a dos cosas: A los israelitas “sirviendo a Dios” y “guardando” sus mandamientos  o a los sacerdotes que “guardan” y “sirven” en el tabernáculo (Dt 10:12-13, Números 3:7-8, 8:25-26, 18:5-6, 1 Crónicas 23:32, Ezequiel 44:14). [3] 

Todo esto nos sugiere que el autor de Génesis estaba retratando a Adán como un adorador que debía servir y adorar a Dios en su labor.  En otras palabras, Adán y Eva son retratados como sacerdotes/adoradores que Dios puso en su templo (el mundo) para que le sirvieran.

¿De qué manera debían Adán y Eva adorar a Dios?

“Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.”  (Gn 1:28 LBLA)

Este mandamiento de creación tiene dos aspectos: Social (fructificad y multiplicaos) y de desarrollo (sojuzgadla y señoread). Nunca fue la intención de Dios que el hombre permaneciera en el huerto del Edén, sino que saliera a todos los confines de la tierra para establecer el gobierno de Dios y construir Su Reino. 

En resumen, el relato de la creación nos muestra que Dios como creador del cosmos, crea a la humanidad para que a través de una actitud de adoración, actúen como mayordomos sobre la creación, mostrando así a Dios a través de su actuar y pensar.

El relato de la creación nos muestra que Dios como creador del cosmos, crea a la humanidad para que a través de una actitud de adoración, actúen como mayordomos sobre la creación, mostrando así a Dios a través de su actuar y pensar.

Mayordomia al este del jardín

Pero este retrato ideal no dura mucho. Vivimos en un mundo post-Génesis 3, es decir, post-caída en donde la creación no actúa como debe.

Es necesario recordar que la creación sigue siendo la creación de Dios, pero esta ha sido “redireccionada”. Albert Wolters dice que el pecado “redirecciona” cada parte de la creación. El pecado no destruye la dimensión económica de la creación sino que la pervierte al darle otra dirección. El pecado no destruye la sexualidad sino que la direcciona en direcciones equivocadas [4] . En otras palabras, es importante distinguir entre la “estructura” de algo creado y la “dirección” que se le dió después de la caída. 

Anteriormente mencionamos que el creador había creado a la humanidad como sus mayordomos y representantes sobre la creación. Después del pecado, está misión bíblica se pervierte de distintas maneras: O hacemos de la humanidad una divinidad y le otorgamos prerrogativas que solo le pertenecen a Dios o rebajamos a la humanidad al estado de esclavo.

Cualquiera de estas perversiones tiene implicaciones graves para nuestra forma de entender nuestra mayordomía y vocación. Si nos divinizamos, nos inclinaremos a ver nuestra vocación como la única manera de traer la solución a todos los problemas de la humanidad (¿Alguna vez has escuchado hablar a algunos científicos sobre como ellos pretenden resolver el problema de la vejez y la muerte?).

Por otro lado, si rebajamos el valor de la humanidad, tendremos a ver nuestras vocaciones como una carga impuesta sobre nosotros, un castigo que nada tiene que ver con Dios.

Pero si reconocemos nuestra posición como mayordomos, reconocemos que necesariamente debe de haber alguien por encima de nosotros y que este alguien nos ha encomendado una labor importante que forma parte de su plan divino.

Por así decirlo, fuimos creados a imagen de Dios, y por lo tanto no somos Dios sino solamente su reflejo, pero fuimos creados a imagen de Dios, y por lo tanto, lo que hacemos tiene un significado eterno.

En la antigüedad, se solía pensar que la humanidad se dividía en la clase eclesiástica (o el clero) y el laicado (los que trabajan en el área secular). Pero para el tiempo de la Reforma, uno de los principios importantes de dicho movimiento fue lo que se llamó el “sacerdocio de todos los creyentes.” 1 Pedro 2:9 afirma: “Pero ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido para posesión de Dios, a fin de que anuncien las virtudes de Aquel que los llamó de las tinieblas a Su luz admirable.”. 

Todo esto significa que en todo cuanto hacemos, los cristianos somos sacerdotes, un linaje santo que tanto en hecho como palabra, representa a Dios hasta lo último de la tierra. 

Ergología y Oikonomología

La visión bíblica del ser humano y la creación nos ofrece un buen fundamento para reflexionar sobre nuestras vocaciones. 

En el campo del saber teológico existen muchos términos para designar distintas áreas de la disciplina. Para hablar del saber sobre Dios ocupamos el término teología. Para referirnos a las doctrinas de Cristo, Cristología, para hablar del Espíritu Santo, Pneumatología.

Algunos expertos se han preguntado, ¿Por qué no existe un término para referirnos a la visión bíblica del trabajo y la vocación? Como respuesta, algunos ofrecen el término Ergología que proviene del griego Ergon. Dicha palabra se ocupa en versos como Juan 6:29 donde se hace referencia al Ergón del Padre, es decir la “obra del Padre”

Otros, proponen el término Oikonomologia que a su vez se basa en el griego Oikonomía (de donde obtenemos nuestro concepto economía) que significa administración del hogar o gobierno de la casa. Esta palabra es ocupada en 1 de Timoteo 1:4 NVI donde Pablo instruye a Tito a concentrarse en la economía o plan de Dios.

4 y de prestar atención a mitos y genealogías interminables. Esas cosas provocan controversias en vez de llevar adelante la obra de Dios que es por la fe.

Este artículo es entonces una introducción a la Ergología bíblica o a la Oikonomología. A lo largo de los siguientes meses, compartiremos distintos artículos tratando con distintas esferas de la creación de Dios. En cada una de estas entradas, buscaremos entender el llamado que tenemos como cristianos en dicha esfera en particular:

  1. Mayordomos de la belleza arquitectónica
  2. Mayordomos del emprendimiento
  3. Mayordomos de la vida sabia
  4. Mayordomos del océano

Referencias

[1] Hans Walter Wolff, Anthropology of the Old Testament, 160-161

[2] Gladd, B. L. (2019). From Adam and Israel to the Church: A Biblical Theology of the People of God. InterVarsity Press, p.12

[3] G.K Beale, “Adam as the First Priest in Eden as the Garden Temple,” SBJT 22, no.2 (2018): 9-24

[4] Wolters, A. M., Goheen, M. W., & Morales, V. (2006). La creación recuperada: Bases bíblicas para una cosmovisión reformacional. Dordt Coll Press., p. 53-68

Victor Palacios
Victor Palacios
Victor Zaldaña posee una Licenciatura en Comunicaciones Corporativas por parte de la Universidad Francisco Gavidia, una Maestría en Comunicación Estratégica de Marketing por parte de University of Tasmania en Australia. También posee una Licenciatura en Teología por parte de la Escuela de Estudios Bíblicos y Teológicos Semper Reformanda.