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Esta Sombra de Podredumbre

En resumen...

El movimiento transgénero es una actualización del pensamiento gnóstico, foucaultiano y butleriano, que separa la identidad del cuerpo material y lo relega a una construcción social. Esta visión, heredera del gnosticismo, contrasta con la perspectiva cristiana, que afirma la bondad del cuerpo, su propósito divino y su redención en la resurrección. A través de la obra de H. P. Lovecraft y el pensamiento de Michel Foucault, este artículo explora cómo la visión negativa del cuerpo ha persistido a lo largo de la historia, mientras que el cristianismo ofrece una esperanza realista y restauradora de la corporeidad.

En los debates contemporáneos sobre el movimiento transgénero, surge una observación inquietante: la visión del cuerpo que predomina en ciertos discursos transgéneros tiende a ser negativa, percibiendo el cuerpo como un obstáculo, una prisión o una realidad equivocada que debe ser superada o transformada para alcanzar la verdadera identidad personal. Podemos escuchar este discurso detrás de la práctica de “reasignación de género” a través de la cual se pretende moldear al cuerpo con el propósito de que este concuerde con la percepción interna del individuo.

Esta percepción, en la que el cuerpo original es repudiado y considerado el principal impedimento para la felicidad o la realización, no es exclusiva de nuestro tiempo. De hecho, guarda sorprendentes similitudes con una antigua corriente de pensamiento: El gnosticismo. 

Primero, ilustraré esta visión negativa del cuerpo a través de un escrito del famoso autor de horror cósmico, H.P Lovecraft. Posteriormente, analizaremos textos gnósticos que arrojan luz sobre su antropología herética y finalizaré con ciertas afirmaciones por dos figuras emblemáticas que de alguna manera u otra han servido de fundamento para el movimiento transgénero: Michel Foucault y Judith Butler.

Fantasmagórica sombra de podredumbre

H. P. Lovecraft es una de las figuras más representativas del subgénero del terror conocido como “horror cósmico”, caracterizado por su énfasis en la insignificancia humana ante fuerzas incomprensibles y vastas.

El horror cósmico, también denominado horror lovecraftiano, se distingue por la representación de lo desconocido y lo incognoscible como una amenaza que desafía la comprensión humana. Como señala Joshi, este subgénero parte de la idea de que el universo es inmenso, indiferente y habitado por entidades que operan bajo leyes más allá de la cognición humana, generando una sensación de desamparo y terror existencial tanto en los personajes como en los lectores. [1]

A pesar de su fascinación por lo cósmico, Lovecraft también recurre a giros narrativos inteligentes para subvertir la fuente del horror. Un ejemplo destacado de esto es su relato “El extraño”.

La historia sigue a un narrador anónimo que ha vivido toda su vida en un castillo sombrío y en ruinas, aislado del mundo exterior. Desconociendo su origen y sin haber visto jamás a otro ser humano, el protagonista emprende una ardua ascensión hasta lo alto de su prisión y, tras una travesía incierta, llega a un majestuoso banquete.

En el banquete, los invitados huyen y gritan despavoridos. El protagonista asume que alguna entidad monstruosa ha irrumpido en la escena. Al acercarse a lo que cree que es una puerta, se encuentra con una figura deforme y monstruosa. Extiende su mano para tocarla, solo para darse cuenta de que lo que ha sentido es la superficie de un espejo.

Nuestro protagonista describe lo que vio en el espejo de la siguiente manera:

“No puedo siquiera decir aproximadamente a qué se parecía, pues era un compuesto de todo lo que es impuro, pavoroso, indeseado, anormal y detestable. Era una fantasmagórica sombra de podredumbre, decrepitud y desolación; la pútrida y viscosa imagen de lo dañino; la atroz desnudez de algo que la tierra misericordiosa debería ocultar por siempre jamás”.  [2]

El monstruo por el cual los invitados del banquete huían despavoridos era nuestro protagonista, él era esa sombra de podredumbre.

Un viaje al pasado: Gnosticismo

¿Qué es el gnosticismo? ¿En que sentido adopta el movimiento transgénero las doctrinas de esta secta? El gnosticismo es un conjunto de sistemas religiosos y filosóficos surgidos en los primeros siglos de la era cristiana, caracterizados principalmente por la creencia en la salvación a través del conocimiento esotérico o “gnosis”. A través de lideres como Valentín de Alejandría, Basílides, Marción de Sínope y muchos otro, el gnósticismo representó una gran amenaza a la fe cristiana del Siglo I en adelante.

Una de las características centrales del gnósticismo es su dualismo cósmico. Los gnósticos generalmente consideraban que el mundo material había sido creado por el error de un “arconte” o “demiurgo” inferior, en lugar de por el Dios bueno y trascendente. La conclusión natural de dicha creencia es que la materia y todo lo creado se estimaba como malvado y corrupto.

Como explica Craig A. Carter en su artículo “Los nuevos gnósticos del género”:

“En el sistema gnóstico de metafísica, el cosmos se divide en dos reinos: el reino del espíritu (que es bueno) y el reino de la materia (que es malo). Puesto que el cuerpo humano es material, es malo. Dado que el gnosticismo considera la materia como malvada, cuando se infiltró en el cristianismo primitivo redefinió la salvación como el escape permanente del alma del cuerpo, en lugar de la resurrección del cuerpo en los Nuevos Cielos y la Nueva Tierra”. [3]

Para ejemplificar esta visión de la materia y del cuerpo podemos referirnos al Evangelio Apócrifo de Juan (Un texto de enseñanzas gnósticas del siglo II después de Cristo). En dicho texto, se describe como el primer humano fue creado como un ser inmaterial y, por lo tanto, perfecto. El resto de la humanidad, fue creado por un arconte malvado e inferior llamado Yaldabaot, quien forma a la humanidad tanto a imagen de Dios como a imagen de los arcontes inferiores. Los humanos son vistos como una convergencia de lo divino y lo humano, con el cuerpo proporcionado por los arcontes inferiores, aunque aún reflejando al primer humano.

De igual manera, en el Evangelio de Felipe (Otro texto gnóstico del siglo II d.c) se menciona que “el alma es algo precioso que ha venido a caer en un cuerpo despreciable.” [4]

Como si esto no fuera suficiente, en muchos textos gnósticos, también podemos observar alusiones a la androginia (condición de un organismo o persona que presenta características tanto masculinas como femeninas). 

Por ejemplo, El Evangelio de Tomas, plantea que quien alcanza una auténtica espiritualidad es capaz de trascender tanto los deseos materiales como las barreras que establecen el género y la sexualidad. Recordemos que para el gnosticismo, la materia es corrupta y esto resultaba en una aversión hacia el género femenino, ya que se asociaba al sexo femenino con labores que involucraban la “materialidad” del cuerpo, como el dar a luz y amamantar.

En un pasaje de dicho evangelio, Jesús dice lo siguiente sobre María Magdalena: Dijo Jesús: «Mira, yo me encargaré de hacerla macho, de manera que también ella se convierta en un espíritu viviente, idéntico a vosotros los hombres: pues toda mujer que se haga varón, entrará en el reino del cielo». [5]

Estos y muchos otros textos reafirman la visión negativa que el gnosticismo tenía sobre la materia y el cuerpo.

 

El contrataque de los nuevos gnósticos

Michel Foucault

¿Qué tienen que ver Lovecraft y el Gnosticismo con los filósofos Michel Foucault y Judith Butler?

La descripción que el protagonista de la historia de Lovecraft hace de su propia figura y las doctrinas del gnosticismo encuentran un paralelo en las palabras del filósofo francés Michel Foucault, uno de los filósofos más influyentes del siglo XX y figura clave en el pensamiento contemporáneo. En una conferencia radiofónica de 1966, Foucault dijo:

 “Con este feo caparazón de mi cabeza, con esta jaula que me disgusta, es con lo que voy a tener que exponerme y pasearme; tendré que hablar, mirar y ser mirado a través de esta verja; pudrirme bajo esta piel. Mi cuerpo es el lugar sin retorno al que estoy condenado.” [6]
 

La visión foucaultiana del cuerpo como una “jaula” y un “caparazón” refleja esta concepción de la corporalidad como un medio de contención y sujeción. Según Foucault, la sociedad moderna no solo se ha encargado de disciplinar nuestros comportamientos, sino también de moldear nuestras identidades y deseos a través del control sobre nuestros cuerpos (Denominado bio-poder por Foucault)

En este contexto, la visión del cuerpo propuesta por Foucault se aleja de cualquier idea de redención o dignidad inherente a la corporeidad. Su pensamiento contribuye a un discurso que, al igual que el relato de Lovecraft, subraya el carácter angustiante y alienante de la existencia humana.

Los antiguos gnósticos como Valentino y Basílides probablemente estarían de acuerdo con las afirmaciones de Foucault.

Lo mismo podemos decir de la filósofa feminista Judith Butler, quien, para muchos, fue la fundadora de la Teoría Queer. En su libro Problemas de Género (1990), Judith Butler sostiene que la idea de que existen solo dos sexos, dos géneros y dos formas de deseo no es algo natural, sino el resultado de cómo se organiza el poder en la sociedad. Según Butler, tanto el sexo como el género no son realidades “naturales”, sino creaciones políticas que solo parecen naturales e inevitables.

Para ella, el binarismo sexual (la existencia del sexo masculino y femenino) no es una realidad como tal, sino el resultado de una construcción social. Para Butler, “El género no es una identidad estable ni un locus de agencia del cual siguen diversos actos; por el contrario, es una identidad tenuemente constituida en el tiempo, una identidad que se instituye a través de una repetición estilizada de actos.“ [7]

Judith Butler está diciendo que lo que pensamos sobre el “sexo” (ser hombre o mujer por biología) no es algo fijo o natural, sino que también está influenciado por la cultura y la sociedad, igual que el “género” (ser masculino o femenino según las normas sociales). Por eso, la diferencia entre “sexo” y “género” no es tan clara como parece. En realidad, ambas ideas están formadas por las creencias, costumbres y expectativas de la sociedad. Así, lo que consideramos como “natural” también es, en parte, una construcción social.

A la luz de dichas teorías, la afirmación “soy un hombre atrapado en el cuerpo de una mujer” puede entenderse como un eco platónico y gnóstico que sitúa la identidad de una persona en su interior, una identidad que puede o no alinearse con la expresión corporal externa. Y ya con las bases destruidas ¿Por qué no identificarse como un felino o como un can? Tal es el caso de Tom Peters, un hombre británico que se identifica como un dálmata. [8]

Judith Butler
Tom Peters

¿Quién me librará de esta sombra de podredumbre?

El lector probablemente notará que el título esta sección es una combinación de la descripción que el protagonista en la historia de Lovecraft hace sobre su cuerpo y las palabras de Pablo en Romanos 7:24: “¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?”. El propósito detrás del título de esta sección es traer a la mesa dos visiones opuestas sobre la dignidad del cuerpo: La visión compartida por el gnósticismo, Michel Foucault, Judith Butler y el movimiento transgénero moderno con la visión bíblica.

¿Enseñan las escrituras la misma visión lovecraftiana y foucaultiana del cuerpo? Como diría Pablo, “de ninguna manera”. Cuando el gnosticismo se infiltró en la iglesia cristiana, los “cristianos gnósticos” empezaron a enseñar una herejía conocida como docetismo (del griego dokeo: aparentar) pues afirmaban que Jesús solo aparentó tener un cuerpo humano, pero solamente era un ser divino disfrazado de humano.

Las palabras de Juan parecen ser entonces un golpe en contra de la herejía gnóstica:

“Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida 2 (porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó)” (1 Juan 1:1-2)

Las Escrituras también nos recuerdan que nuestros cuerpos serán levantados en nuestra resurrección (1 Cor 15:35-44, Fil. 3:20-21, 1 Tes. 4:16) y por otro lado, una de las figuras más emblemáticas de la iglesia en el Nuevo Testamento es la de un cuerpo con todos sus miembros (Romanos 12:4-5).

Recordemos de igual manera que luego de resucitar, Jesús trata con las dudas de sus discípulos: “Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo.” (Lucas 24:39).

Al hablar del “cuerpo de muerte” en Romanos 7:24-25, Pablo no está refiriéndose al cuerpo como entidad material sino más bien como metáfora del poder del pecado bajo el cual nuestro cuerpo actual está sujeto. Si atendemos al contexto, en Romanos 8, Pablo habla sobre cómo el Espíritu Santo da vida a nuestros cuerpos mortales, por lo tanto, el contexto refuta la posibilidad de una interpretación gnóstica de Romanos 7:24. Ya en otras ocasiones, Pablo afirma la resurrección del cuerpo (Romanos 8:23, 1 Corintios 15) por lo tanto, la interpretación gnóstica o platónica de Romanos 7:24 no tiene cabida en la teología bíblica.

El cristianismo, en este sentido, ofrece una visión más positiva del cuerpo y la materia. C.S Lewis dijo en tono humorístico:

“No sirve de nada intentar ser más espiritual que Dios. Dios nunca quiso que el hombre fuera una criatura puramente espiritual. Por eso usa cosas materiales como el pan y el vino para infundir nueva vida en nosotros. Podemos pensar que esto es tosco y poco espiritual. Dios no: Él inventó el comer. A Él le gusta la materia. Él la inventó.” [9]

En conclusión, los cristianos haríamos bien en entender el mundo en el que nos encontramos, con el propósito de exponer el evangelio en todo su esplendor. El movimiento transgénero moderno, en este caso, no hace sino confirmar lo que el poeta bíblico afirmó: no hay nada nuevo bajo el sol. Si prestamos atención, podemos proclamar las buenas nuevas del evangelio ante un mundo que desprecia el cuerpo, recordándoles que cuando Dios nos creó, dijo que era bueno en gran manera.

“No sirve de nada intentar ser más espiritual que Dios. Dios nunca quiso que el hombre fuera una criatura puramente espiritual. Por eso usa cosas materiales como el pan y el vino para infundir nueva vida en nosotros. Podemos pensar que esto es tosco y poco espiritual. Dios no: Él inventó el comer. A Él le gusta la materia. Él la inventó.”

Referencias

[1] Joshi, S. T. (2001). H. P. Lovecraft: The Decline of the West. Wildside Press.
 
[2] Lovecraft, H. P. (2002). Dagón y otros cuentos macabros (F. Torres Oliver, Trad.). Alianza Editorial. (Obra original publicada en 1921).
 
[3] Cbmw. (2020, 10 junio). The New Gender Gnostics – CBMW. CBMW. https://cbmw.org/2020/06/10/the-new-gender-gnostics/
 
[4]  Escrituras Apócrifas. (s.f.). Evangelio de Felipe. Recuperado el 2 de mayo de 2025, de https://escrituras.tripod.com/Textos/EvFelipe.htm
 

[5] Escrituras Apócrifas. (s.f.). Evangelio (gnóstico) de Tomás. Recuperado el 2 de mayo de 2025, de https://escrituras.tripod.com/Textos/EvTomasGn.htm

[6]  Michel Foucault, El cuerpo utópico seguido de Las heterotopias, Buenos Aires, Nueva Visión, 2010

[7] Butler, J. 1990. El género en disputa: El feminismo y la subversión de la identidad. Ediciones Cátedra.

[8]  La Vanguardia. (2023, September 19). Así es Tom Peters, el hombre transespecie que camina a cuatro patas y pide ser reconocido como cachorro de dálmata. La Vanguardia. https://www.lavanguardia.com/mascotas/20230919/9236159/asi-tom-peters-hombre-transespecie-camina-cuatro-patas-pide-reconocido-cachorro-dalmata.html

[9] Lewis, C. S. (2006). Mero cristianismo (Trad.). HarperCollins Español. (Obra original publicada en 1952).

Victor Palacios
Victor Palacios
Victor Zaldaña posee una Licenciatura en Comunicaciones Corporativas por parte de la Universidad Francisco Gavidia, una Maestría en Comunicación Estratégica de Marketing por parte de University of Tasmania en Australia. También posee una Licenciatura en Teología por parte de la Escuela de Estudios Bíblicos y Teológicos Semper Reformanda.