El artículo explora la tensión histórica entre filosofía y teología y muestra que, para el cristiano, la verdadera sabiduría no se alcanza al apartarse de Cristo, sino en el Logos encarnado: Jesús, que convierte la búsqueda humana de sentido en un encuentro redentor.
¿Qué tiene que ver Atenas con Jerusalén? Dijo el teólogo cristiano Tertuliano de Cartago (ca. 160 – 220).[1] Para él, Atenas era para la filosofía lo que Las Vegas ahora es para el pecado. En otras palabras, en la mente de Tertuliano, Atenas era el símbolo de la filosofía humana y como tal, no tenía nada que ver con la ciudad santa de Jerusalén, la cual fue el centro de la presencia de Dios en la historia bíblica.
Muchos se podrán sentir identificados con esta observación ya que al fin y el cabo, Atenas era conocida como un epicentro del politeísmo en la antigüedad. Acaso no Lucas describe a la ciudad de Atenas como personas ansiosas por escuchar cosas nuevas: “Porque todos los atenienses y los extranjeros residentes allí, de ninguna otra cosa se ocupaban, sino en decir o en oír algo nuevo”. (Hechos 17:21)
Otra forma de formular esta tensión entre Grecia y Jerusalén, es a través de dos palabras: Filosofía y Teología.
¿Qué tiene que ver Jerusalén con Atenas? ¿Qué tiene que ver la filosofía con la teología? ¿Puede un cristiano siquiera estudiar filosofía
Sofía camina en el Jardín
La filosofía es simplemente “el amor por la sabiduría”. La palabra “filos” proviene del griego “amor” (Así como Filántropo, es aquel con un amor general por la humanidad y por lo tanto, realiza labores de ayuda) y por otro lado, “sofía” es “sabiduría”.
Dicho de otra manera, la filosofía es el amor que el ser humano toma por la sabiduría en general. Esta sabiduría puede tomar muchas formas como el estudio de la ética (la vida moral) la metafísica (aquello más allá de la física), la ontología (el estudio del ser), la lógica (el buen pensar) y la epistemología (el conocimiento).
Proverbios 8 nos dice que el Señor creó al mundo con sabiduría. En este pasaje, la sabiduría es personificada y en Proverbios 8:30 afirma: “Yo estaba entonces junto a Él, como arquitecto; Yo era Su delicia de día en día, Regocijándome en todo tiempo en Su presencia.”
Pero además, todo aspecto de la creación está imbuida de su sabiduría: Los océanos (v.24) , las montañas y colinas (v.25) así como los cielos (v. 27-28). Con justa razón el salmista concluye: “Cuán numerosas son Tus obras, oh Señor! “Con sabiduría las has hecho todas” (Salmo 104:24a)
Pero eso no es todo, este Dios sabio y creador se paseaba por el jardín y estaba en comunión con su creación. En el jardín, la sabiduría comulgaba libremente con Adán y Eva y ellos bebían incansablemente de su pozo.
El conocimiento y sabiduría que la humanidad obtenía la obtenía directamente del Creador y por lo tanto, era un aprendizaje altamente personal.
La trayectoria que la primera pareja, así como la humanidad entera, debía seguir era la del camino de la sabiduría. Al ser creados a “imagen de Dios”, ellos debían representar a Dios en la tierra tanto en palabra como hecho. A medida que “cultivaban el jardín”, construyendo sistemas de irrigación, construyendo casas, creando sociedades, avanzando tecnológicamente, la humanidad debía reflejar al Creador de la misma manera en que la luna no tiene luz propia sino que refleja la luz del Sol. Todo esto debía de crecer hasta el punto en que la tierra fuera llena del conocimiento de la gloria de Jehová (Habacuc 2:14)
La trayectoria que la primera pareja, así como la humanidad entera, debía seguir era la del camino de la sabiduría. Al ser creados a “imagen de Dios”, ellos debían representar a Dios en la tierra tanto en palabra como hecho.
La sabiduría se ha vuelto loca
Pero la sabiduría se volvió loca y necia. El texto bíblico nos relata las trágicas consecuencias del pecado de Adán y Eva (Gn 3). La relaciones edénicas fueron quebrantadas: La relación de la criatura con su creador, la relación de la humanidad entre ella, y la relación de la humanidad con la naturaleza.
Adán y Eva buscaron ser la autoridad última para establecer lo bueno y lo malo. No les bastó confiar en lo que su Creador estableció como “la vida sabía” sino que decidieron crear su propio sendero. Podemos entonces describir a este pecado como el pecado de la autonomía pues ellos decidieron establecer su propia ley (auto = propia, nomos=ley)
A pesar de que desde entonces, el ser humano buscó esconderse de Dios. Nuestro deseo por obtener sabiduría no cesa. Los seres humanos son poseedores de lo que algunos teólogos llaman “desiderium aeternitatis”, un deseo por la eternidad que lo atormenta y no lo deja dormir (Ecl. 3:1). Sufrimos de lo que Sir Roger Scruton llama “soledad metafísica” [2] o como afirma otro autor de manera más poética, el ser humano desde ese entonces se encuentra en una situación en donde: “No cree en Dios pero le extraña.” [3]
Es esto lo que experimentó el filósofo existencialista ateo Albert Camus que confesó que “Está buscando algo que el mundo no le ha dado.”, un deseo que lo llevó a considerar la fe cristiana y el bautismo (algo que no ocurrió ya que murió en un accidente automovilístico en el año 1960) [4]
Dándole la espalda a su creador, la criatura entonces procede a formar filosofías en un intento de dar un sentido a su vida. Algunas de ellas contienen vestigios de la verdad de Dios pero todas padecen de miopía al negar al Creador.
Pero aun así, sabemos que la creación no está perdida.
Dándole la espalda a su creador, la criatura entonces procede a formar filosofías en un intento de dar un sentido a su vida. Algunas de ellas contienen vestigios de la verdad de Dios pero todas padecen de miopía al negar al Creador.
El logos se encarnó
Si el lector se ha sumergido en la historia de las Escrituras, sabrá que el Dios creador no dejará que su creación se eche a perder. De hecho, el pecado no sorprende para nada al Creador sino que a sabiendas de ello, preparó un plan de antemano para redimir a su creación y a la humanidad (1 Pedro 1:18-20, Apoc 13:8)
¿De qué manera redimió Cristo a la humanidad? En primer lugar, notemos algo con referencia a la encarnación de Cristo. En el mito de la caverna de Platón, se nos relata la historia de un grupo de prisioneros atrapados en una cueva. Uno de los prisioneros logra romper sus cadenas y sale de la cueva para ser “iluminado” con la luz del sol. El prisionero regresa para contarle esto a sus compañeros prisioneros pero estos solamente se burlan de él. En el lenguaje de Platón, dicha alegoría era un símbolo de cómo la humanidad debe trascender el mundo material para alcanzar el mundo que él llamaba El Mundo de las Formas o Ideas.
Por otro lado, en el evangelio de Juan leemos que “la luz brilló en las tinieblas.” En otras palabras, nosotros no “ascendemos hacia la luz” sino que esta descendió y habitó entre nosotros.
Notemos que en este mismo capítulo de Juan, el escritor ocupa la palabra griega “logos”, una palabra con un gran bagaje filosófico. Para Heraclito, el logos era un principio de transformación que ordena el cosmos. Para Parmenides era el “pensamiento” en oposición a la experiencia sensorial.
Pero para Juan, el logos era una persona. En otras palabras “El logos no es una idea en la mente del filósofo o el místico. El logos es el hombre Jesús quien se movió de Belén al Calvario.” [5]
Todo esto significa que para el cristiano, la filosofía es últimamente personal: Cristo es la sabiduría de Dios y es sabiduría para nosotros (1 Cor 1:30)
Para el cristiano, la filosofía es últimamente personal: Cristo es la sabiduría de Dios y es sabiduría para nosotros (1 Cor 1:30)
Necedad para los gentiles
De una manera nada esperada: A través de una cruz. Es inesperada porque ante los ojos de la humanidad, la cruz es un símbolo de derrota y no de victoria, de humillación y no de exaltación.
A través de la cruz, Cristo da vuelta a las expectativas de la humanidad. “Los judios demandan señales y los griegos sabiduría” (1 Cor 1:22) dijo Pablo, es decir, los judíos buscaban un portentoso milagro de Dios y los griegos buscaban a Sofia (sabiduría). Pero los judíos, debido a sus expectativas solo encuentran una piedra de tropiezo mientras que los griegos encuentran necedad (lo contrario a sabiduria).
Pero en un giro digno de película, los apóstoles predican a Cristo como PODER y SABIDURÍA de Dios. Es decir, aquello que los judios y griegos buscaban pero no de la manera en que lo buscaban. Por eso en el verso 25 Pablo afirma que: “…la necedad de Dios es más sabia que los hombres, y la debilidad de Dios es más fuerte que los hombres.”
El Banquete de Sofía
El llamado ahora es un llamado a buscar la sabiduría en Cristo. Proverbios 8 retrata a la sabiduría como una mujer clamando en las calles:
Oh hombres, a vosotros clamo, para los hijos de los hombres es mi voz. Oh simples, aprended prudencia; y vosotros, necios, aprended sabiduría. Escuchad, porque hablaré cosas excelentes, y con el abrir de mis labios rectitud. (8;4-6 NBLA)
En Cristo, vemos a la sabiduría de Dios clamando a viva voz: !Vengan, tomen, prueben! Y gusten de la sabiduría de Dios. Cristo prepara para nosotros un gran banquete y en ese banquete la salvación es por gracia pero también la sabiduría que el filósofo tanto busca.
Todos somos filósofos
¿Qué quiere decir todo esto para el estudiante de filosofía? Mucho.
En primer lugar, todos somos filósofos. Todos tenemos una concepción de lo que significa ser humano (antropología) de lo que significa actuar de buena o mala manera (ética y moral) de lo que existe más allá de la física (metafísica) y de como sabemos todo esto (epistemología). En otras palabras, la filosofía es como un ombligo: Todos lo tenemos.
La pregunta entonces es, ¿Está tu razonamiento anclado a Cristo? ¿Es el temor a Dios la fuente de tu sabiduría (Prov 1:7)?
Recuerda que “Dios no es sólo el Salvador de las almas, es también el Señor de la creación. Una de las maneras en que reconocemos su Señorío es interpretar cada aspecto de la creación a la luz de Su Verdad.” [6]
En segundo lugar, no hacemos ningún bien al rechazar a la filosofía solamente porque algunas de las conclusiones de las filosofías humanas son anti teístas. Como diría C.S Lewis, “La buena filosofía debe existir por qué se debe dar respuestas a la mala filosofía” [7] Si de verdad creemos que en Cristo se encuentran todos los tesoros de la sabiduría de Dios, tenemos “carte blanche” (Carta blanca) para como cristianos interesarnos en estudiar lógica, metafísica, epistemología, cosmología, ética y todo cuanto nos lleve a decir: Oh Señor, cuán insondables tus pensamientos! En tercer lugar, no confíes en tu propio razonamiento. Que tu quehacer filosófico siempre se encuentre visitando las “sendas antiguas” (Jeremías 6:16). Busca el “olor a Cristo” en todo cuanto leas y “lleva todo pensamiento cautiva a la obediencia de Cristo” (2 Corintios 10:5).
Por último, el filósofo cristiano de Notre Dame, Alvin Plantinga, da el siguiente consejo a los filósofos cristianos: “Nosotros, los cristianos que nos proponemos ser filósofos, no debemos conformarnos con ser filósofos que, casualmente, somos cristianos; debemos esforzarnos por ser filósofos cristianos. Por lo tanto, debemos perseguir nuestros proyectos con integridad, independencia y audacia cristiana.” [8]
Nosotros, los cristianos que nos proponemos ser filósofos, no debemos conformarnos con ser filósofos que, casualmente, somos cristianos; debemos esforzarnos por ser filósofos cristianos. Por lo tanto, debemos perseguir nuestros proyectos con integridad, independencia y audacia cristiana. - Alvin Plantinga
Referencias
[1] Tertullian, The Prescription against Heretics, in Ante-Nicene Fathers, Volume 3: Latin Christianity: Its Founder, Tertulian, ed. Alexander Roberts, James Donaldson, and A. Cleveland Coxe, trans. Peter Holmes (Buffalo, NY: Christian Literature Company, 1885), 246
[2] Roger Scruton, The Face of God (New York: BLoomsbury, 2012) 155, 177-178
[3] Julian Barnes, Nothing to Be Frightened Of (Boston: Alfred A. Knopf, 2008)
[4] Michael Peterson and Michael Ruse, Science, Evolution, and Religion: A Debate about atheism and Theism (Oxford: Oxford University Press, 2017), 12.
[5] Newbigin, L. (1986). Foolishness to the Greeks: The Gospel and Western Culture. Wm. B. Eerdmans Publishing. 7
[6] Pearcey N, Johnson PE. Total truth: Liberating Christianity from Its Cultural Captivity.; 2008.
[7] C.S Lewis, “On Learning In War Time” In The Weight of The Glory
[8] Plantinga, Alvin (1984) “Advice to Christian Philosophers,” Faith and Philosophy: Journal of the Society of Christian Philosophers: Vol. 1 : Iss. 3 , Article 1. DOI: 10.5840/faithphil19841317 Available at: https://place.asburyseminary.edu/faithandphilosophy/vol1/iss3/1





