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Mayordomos del emprendimiento

En resumen...

Este artículo explora cómo el emprendimiento, lejos de ser solo una actividad económica, puede convertirse en un acto de obediencia y adoración cuando Cristo es el centro. A través del principio bíblico de la mayordomía, se muestra que dirigir una empresa implica administrar con integridad, honrar a Dios en cada decisión y usar los recursos como herramientas para el Reino. Casos como el de Chick-fil-A evidencian que la fidelidad a los principios del evangelio no solo glorifica a Dios, sino que también puede traer frutos reales y duraderos. Emprender, desde una perspectiva cristiana, es reconocer que no somos dueños, sino administradores de lo que Dios nos confía.

En un mundo empresarial donde la prisa, el rendimiento y el poder suelen marcar la pauta, hablar de “mayordomía” puede parecer una antigualla espiritual. Sin embargo, desde una perspectiva cristiana, emprender no es un fin en sí mismo, sino una oportunidad sagrada para administrar lo que Dios ha confiado en nuestras manos. Como cristiana y profesional, he aprendido que cada decisión empresarial puede convertirse en un acto de obediencia y cada proyecto en una forma de adoración.

Veo la mayordomía como la oportunidad de administrar recursos que Dios ha puesto en nuestras manos no por casualidad, sino por Su soberanía eterna. Administrar tiempo, estrategias, personal y recursos financieros es parte del llamado a vivir una vida intencionalmente sujeta a Su Palabra. Cada área empresarial debe estar sujeta a Cristo, como el centro desde el cual fluye todo.

Obediencia como adoración

Si la empresa es uno de los tantos campos en donde podemos obedecer al Señor, también debemos de decir que la obediencia como tal constituye un acto de adoración. A través de nuestra obediencia a su Palabra en la forma en que emprendemos, mostramos como es el Dios en el que creemos.

En el competitivo mundo de la industria de la comida rápida en Estados Unidos, donde cada hora representa miles de dólares en ingresos, una decisión como cerrar los domingos parece ilógica (incluso tonta). Sin embargo, eso es exactamente lo que hizo Truett Cathy, fundador de Chick-fil-A. Desde sus inicios, Cathy estableció que sus restaurantes permanecerían cerrados los domingos, no por estrategia de mercado, sino por obediencia a un principio: honrar el día del Señor y permitir que sus empleados también tuvieran tiempo para la familia y la adoración. 

Durante décadas, Cathy también enfrentó presiones ideológicas para adaptar su marca a discursos contrarios a la cosmovisión cristiana. Pero nunca cedió. “No estaba tan comprometido con el éxito financiero como para estar dispuesto a abandonar mis principios y prioridades” (Cathy, 2002, p. 45). Su fidelidad no solo no le restó rentabilidad, sino que convirtió a Chick-fil-A en una de las cadenas más exitosas y admiradas del mundo. Lo que parecía una pérdida ante los ojos del mercado fue, en realidad, una ganancia eterna. Cathy comprendía que ser empresario cristiano no es una contradicción, sino una vocación donde la mayordomía comienza por reconocer que el negocio no es nuestro, sino de Dios. 

Este tipo de ejemplo nos recuerda que los principios del Reino sí tienen cabida en el mundo empresarial. La obediencia puede parecer costosa, pero siempre da fruto cuando Cristo es el centro. 

Es por eso que la obediencia a Dios en el campo laboral es una oportunidad para nosotros como cristianos. Tratar a otros como superiores a uno mismo (Filipenses 2:3), no mentir (Efesios 4:25), actuar con integridad: todo esto cobra vida en el mundo laboral. Hacer nuestro trabajo “como para el Señor y no para los hombres” (Colosenses 3:23, NVI) transforma la jornada laboral en un altar.

Como empresaria cristiana, he enfrentado muchas tensiones entre mi fe y las prácticas empresariales comunes: evasiones fiscales, manipulación de datos, cosificación del colaborador. Estas no son solo fallas técnicas, sino distorsiones del corazón humano que desconoce el Señorío de Cristo. Decidir no ceder a estas presiones es un ejercicio constante de fe.

La obediencia puede parecer costosa, pero siempre da fruto cuando Cristo es el centro. 

Redimiendo el emprendimiento. Cristo al centro

El campo empresarial ha estado desviado desde el inicio, producto de nuestra naturaleza caída. Sin embargo, cuando Cristo es el centro, la empresa se convierte en una herramienta del Reino. Empresas que tratan con dignidad a sus colaboradores, que usan sus ganancias para bendecir a otros, y que operan con principios eternos, están redimiendo el concepto de trabajo. “El propósito de una empresa no es solo generar beneficios, sino crear valor que beneficie a la sociedad” (Yunus, 2010).

He establecido límites claros para proteger mi tiempo con mi familia y mi iglesia. Oro antes de tomar decisiones clave y mantengo una cultura organizacional donde se honra a Dios abiertamente. La generosidad también forma parte de nuestra estructura: apoyar a la iglesia local y a otras obras cristianas es parte de nuestra misión.

El vacío que solo el evangelio llena

He cometido el error de apresurarme, de querer forzar los tiempos que solo Dios puede definir. Pero en Su misericordia, Él me ha corregido, me ha enseñado a descansar y a caminar a Su ritmo. La mayordomía incluye saber parar, reevaluar, y obedecer incluso cuando eso significa dejar algo que parece prometedor.

Recomiendo orar por cada decisión, por cada empleado, y procurar ser testimonio en todo: con proveedores, clientes, aliados y empleados. No somos empresarios que resultan ser cristianos; somos cristianos que glorifican a Cristo a través del emprendimiento. “Ser emprendedor es ver una oportunidad donde otros solo ven problemas. Para el cristiano, esa oportunidad es también un llamado” (Keller, 2012).

Conclusión: Administrar como hijos, no como dueños

Todo lo que somos y tenemos le pertenece a Dios. Administramos, no poseemos. Y cuando entendemos esto, la empresa deja de ser un fin para convertirse en un instrumento de adoración, formación y testimonio.

El término griego para mayordomo es oikonomos y es usado 10 veces en el Nuevo Testamento. En 1 de Corintios 4:1 se usa para hablar de cómo somos administradores de “los misterios de Dios”. Dicho de otra manera, somos responsables de gestionar fielmente las verdades de Dios y esto involucra la manera en cómo gestionamos los recursos del mundo creado por nuestro Señor.

Referencias

[1] Biblia. (NVI). (1999). Nueva Versión Internacional. Sociedades Bíblicas Unidas.

[2] Cathy, S. T. (2002). Eat Mor Chikin: Inspire More People. Looking Glass Books.

[3] Keller, T. (2012). Every Good Endeavor: Connecting Your Work to God’s Work. Dutton.

[4] Yunus, M. (2010). Building Social Business: The New Kind of Capitalism that Serves Humanity’s Most Pressing Needs. PublicAffairs.

Milagro Menjívar de Pérez
Milagro Menjívar de Pérez
Milagro Menjívar de Pérez, es Emprendedora y Product Manager en iniciativas de educación digital para emprendedores en mercados emergentes. Ha liderado programas de crecimiento empresarial en América Latina y África con organizaciones como TechnoServe, Vital Voices y SwissContact. Además de su vocación profesional, es esposa, madre, activa en su iglesia local y profundamente comprometida con integrar su fe cristiana en todos los ámbitos de su vida, incluyendo la empresa.